Noviembre 22, 2020

10. Dios Padre



La persona más relevante de la trinidad, es el Padre, al menos se le nombra primero cuando se hace la señal de la cruz o se mencionan los nombres de los involucrados en la santísima trinidad. El Padre es el creador mismo de todo lo que existe. Nada se le compara en poder y gloria. Normalmente le vemos ilustrado en los templos como una persona de canas, sentado en un trono y con un halo de luz que denota santidad.

Cuando se habla de su poder creativo, nos tenemos que remitir al Génesis para hallar un relato que, inspirado por el Espíritu Santo, narra en términos generales la creación de la Tierra y los que en ella habitan. El Espíritu del Señor se movía sobre las aguas, la trinidad está en función creativa, se están poniendo de acuerdo en los pormenores de la creación, los detalles de la naturaleza y el propósito del ser humano. Todo esto lo puedes leer en Génesis, capítulos 1 y 2.

Lo que no hallamos nunca es una descripción física de Dios Padre. Y esto es por una razón muy obvia, Dios, el Padre, no tiene un cuerpo sensible. Es espíritu. Vemos a Cristo refiriéndose con sometimiento a su Padre Celestial y dándole respeto y honra, con sus acciones, su obediencia y su vida en general.

En la escritura vemos con claridad que Dios se considera a sí mismo como el creador de todo lo que hay, el único dios existente y evidentemente el dueño de la vida, la bondad, el amor y la luz.

Entender a Dios Padre no es fácil. Él mismo nos dice en Éxodo capítulo 20, que es donde se describen los mandamientos, que no hagamos imagen de nada de lo que hay en la tierra o en el cielo y esto lo incluye. Tratar de ponerle rostro a Dios no tiene sentido alguno, es espíritu sin posibilidad alguna de ser visto.

Existen, sin embargo, características de Dios que pueden ser extraídas del texto bíblico y que permiten conocerle a pesar de no verle, escuchar su voluntad sin necesariamente oírle y respetarle a pesar de que parece no estar ahí.

La eternidad de Dios nos vuela la mente. La ciencia limitadísima en la historia humana ha buscado con ahínco entender la existencia de Dios, sus resultados han sido limitadísimos como era de esperarse. El tiempo no pasa por él. La biblia le compara con el tiempo del ser humano y concluye que nuestra vida es como una sombra que pasa, un viento que se lleva a una flor, cortos de días y efímeros. No tiene principio ni fin, Dios es el principio y el fin. Entender esto requiere de la mente de Dios... Y no, nosotros no podemos. Tratar de entender la existencia de

Dios es imposible. SI no entendemos ni siquiera la existencia que vemos, menos aún la que no vemos, si no comprendemos las limitaciones del tiempo, menos aún los ilimitadas alcances de la vida de Dios por quien no pasa el tiempo y solo lo inventó como un concepto para que no termináramos locos en algún hospital.

El poder de Dios es incuestionable. Su omnipotencia, el poder total de su voluntad es inquietante. Su sola voz provoca la existencia, su voluntad diseña mundos, su vista rompe dimensiones y tiempos, su voz se hace oir en la eternidad. Su presencia es total y su pensamiento es inalcanzable. Es absoluto. Aunque no creamos que existe, lo cual sería lamentablemente limitado de nuestra parte, cada diseño de la creación, cada átomo, cada función, cada dimensión, cada proporción, cada medida, cada facultad de lo creado da testimonio de Él y le hace honor.

Escaso mi relato anterior, las palabras no pueden describirle, tratar de imaginarle es un ejercicio ingenuo para mi imaginación. Está ahí, lo sabemos todos y la pregunta es ¿qué hago con eso?

Capítulo 1. El Padre

Dios en la escritura se muestra como nuestro Padre celestial. Jesús mismo se refiere a él como su padre y como el nuestro. Nos ha tendido una mano familiar para que sepamos que hacer con su presencia en nuestra vida. Se coloca en la figura de un progenitor, de un verdadero padre y nos trata como a hijos.

La Biblia describe con muchos ejemplos cómo debe ser un padre. Dios espera que como varones que iniciamos, en compañía perfecta de una mujer, una familia, sigamos su ejemplo como proveedor, como guarda, como educador, como confidente, como guía, como consolador, como impartidor de justicia, como ejemplo, como amorosa compañía. Si no estamos siguiendo el ejemplo de Dios como padres, estamos despedazando la figura paterna para convertirla en el hazmerreir que es hoy en las plazas, las escuelas y los tribunales.

Mateo 23:9-12

9.- Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.
10.- Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.
11.- El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.
12.- Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

 La práctica en la antigüedad era dar valor a la genealogía como un signo de identidad y búsqueda de honor y buen nombre. Así, era fácil hallar a personas que estaban orgullosas de ser llamadas hijo de José, que es hijo de Jonás, que es hijo de David... Inclusive era vital la referencia de los padres de la patria como los avales de un honor especial. Su honorabilidad se heredaba hasta aquellos que hoy forman parte de su desendencia. Es como si hoy decimos que somos hijos de Cuauhtémoc, o hijos de Juárez o hijos de Madero. Hay quien ha llevado esto al extremo de llamarse hijos de la revolución o hijos de la patria. Pero Jesús dice, no te conformes con eso. No te llames a ti mismo hijo de nada ni de nadie sino del padre que tienes en los cielos que es Dios, quien te creó y ama como a su propio hijo o hija.

Nuestro Padre está demandando a través de la escritura, su paternidad como creador, como proveedor de amor y de todo lo que requerimos para vivir, como amoroso eje de nuestra vida. Nosotros como hijos e hijas podemos acercarnos con la confianza de llegar a los brazos protectores de quien nos ama más que nadie.

Mateo 7:7-11

7.- Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
8.- Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
9.- ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?
10.- ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?
11.- Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

Ni siquiera se refiere a cosas materiales, Jesús en estas palabras se refiere a la distancia enorme que hay entre un extraordinario padre humano comparado con Dios y su incomprensible presencia entre nosotros. ¡Nada que comparar!

Capítulo 2. El amigo

Jesucristo, entre muchas otras cosas, tiene la función de un vocero oficial de lo que Dios tiene en su mente y en su corazón. Trae el mensaje de arrepentimiento, trae un mensaje de salvación, trae un mensaje de amor y ejecuta el plan perfecto de Dios para con nosotros. Este vocero sabe de lo que habla porque él es Dios mismo. Este es uno de los misterios más grandes del universo, Dios Padre es uno con Cristo y con el Espíritu Santo. Son tres pero son uno. Si quieres saber un poco más sobre este tema te invito a escuchar el capítulo 5 y 13 de esta serie.

Jesús, es entonces un vocero sin igual. Tiene información de primera mano, habla por sí mismo pero cuando lo hace, habla también por Dios Padre. Jesús, ha hecho contacto con sus discípulos y ahora está desarrollando paso a paso lo que fue dicho por los profetas en la antigüedad. Jesús se acerca a ellos un buen día y hace una declaración inaudita:

Juan 15:12-15

12.- Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. 13Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. 14Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
15.- Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.

Jesús le da una nueva dimensión a la relación entre Dios y el ser humano. Aquéllos que son capaces de venir ante él creyendo, serán amigos de Dios. La biblia dice que Abraham, el patriarca del pueblo de Israel, creyó a Dios y fue llamado amigo de Dios... pero ahora no solo Abraham, ni Moisés, ni David, ni los que fueron muy cercanos a Dios serán llamados sus amigos sino cualquiera de nosotros que podamos creer en su amor por nosotros en la persona de Jesús.

¿Es interesante, no? ¡Imagina que pudieras considerarte el amigo de Dios! Que pudieras venir ante él con la confianza de un confidente, de alguien que te acepta junto a él por su mera voluntad y no por ser pariente o ser creación. Esta es la más increíble de las noticias. Cuando crees, sin dejar de ser tu Padre, Dios es tu amigo.

Capítulo 3. El juez

Aunado a esto, sin dejar de ser tu padre, sin dejar de ser tu amigo, Dios será tu juez. Dios es juez justo y en su mano está el destino de tu alma. El pecado delante de Dios no es ninguna broma ni es juguete; la humanidad ha pecado delante de su Creador y ahora está condenada a muerte, no solo física también espiritual. Dios es Dios y no deja de serlo por ser misericordioso con los que creen y llamarles hijos o amigos.

Muchos creen que porque Dios es nuestro amigo según sus propias palabras, se hará de la vista gorda de lo que hagamos con nuestra vida, que pasará por alto nuestro pecado y que nos solapará en nuestra maldad. Nada más alejado de la realidad. Dios tiene la importante labor de juzgarnos en su tiempo y sin embargo, por amor, está haciendo cosas extremadamente relevantes para evitarnos la condenación de pasar la eternidad sin él.

Muestra respeto ante Dios. No es cualquier cosa caer en sus manos. Escucha cómo lo dice la escritura Hebreos capítulo 10: 26-27

26.- Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados,
27.- sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.

No, no deja de ser Dios. Tiene su carácter y es recto, justo y honorable de manera absoluta. La biblia sigue diciendo:

30.- Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo.
31.- ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!

¿Qué nos libra de este terrible destino? Jesús. Para eso fue enviado, para eso vivo entre nosotros, padeció, murió crucificado y fue resucitado, para que tuviésemos un sacrificio de salvación que nos permitiera acercarnos al Padre y ser su amigo, sin olvidar jamás que él y solo él es Dios.