Noviembre 15, 2020

9. La Gloria

Dios lo tenga en su santa gloria.

Escuchamos esto en casi todos los funerales. Todos nos preguntamos alguna vez qué pasa después de morir. Para unos resulta que con la muerte se termina todo, algunos más piensan que irán al purgatorio por un tiempo mientras las oraciones de los deudos le ayudan a cambiar de sede, otros afirman que nos pudrimos mientras el alma se integra al universo, otros piensan que reencarnamos en algún otro ser vivo y otros tantos creen que habiendo dos lugares, la gloria o el infierno, seremos afortunados si nos vamos a la gloria con los ángeles y los serafines.

Finalmente, no tenemos certeza de qué ocurre después de la muerte, y eso es por algo: porque no hay retorno. Imaginamos, deseamos, suspiramos porque lo haya, pero la verdad es que solo una persona ha resucitado en la historia y se despidió para marcharse, elevándose hacia el cielo. Ese fue Cristo, según está documentado.

Cuando hablo de resurrección, no hablo de los momentos críticos en los hospitales cuando se aplica esa tremenda descarga de electricidad para reanimar el corazón de alguien que murió recientemente. La resurrección es el fenómeno en que una persona, habiendo muerto, estando por días, meses o años en la tumba, vuelve a la vida en un cuerpo renovado y permanece vivo para siempre. Al menos eso es lo que se describe en la Biblia como resurrección.

Solo Cristo ha conseguido hacer esto. Y lo ha dejado como muestra de lo que pasará con la humanidad en un momento dado. La resurrección es entonces algo que ocurrirá con todos, y es el primer paso para resolver la incertidumbre acerca de qué hay después de la muerte.

Capítulo 1. Dos destinos

Sí, la gloria o el infierno.

Inevitablemente estos dos conceptos se mantienen inseparables. Si hay infierno, hay gloria y viceversa. Escogeré uno de los dos conceptos y el otro será su antónimo. Escogeré la gloria por ser un tema mucho más optimista.

La gloria, el cielo o el paraíso, son nombres que describen un sitio de vida eterna. Es un sitio. Tiene una ubicación, no necesariamente geográfica y menos aún física. Es palpable, pero no por los que estamos vivos en esta dimensión. Pero es un lugar descrito a cabalidad en la escritura. Lo describieron los profetas incluyendo a Jesús, quien lo conocía de antes y hablaba de ese sitio con naturalidad.

El cielo o la gloria, es el sitio donde habita Dios. Muchas veces es mencionado en la escritura en relación a un lugar.

Por ejemplo el evangelio de Lucas describe que de ahí provino la voz de Dios durante el bautismo de Cristo.

Lucas 3:22

“22 y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.”

En el conocido Padre Nuestro, Jesús exclama: Padre nuestro que estás en los cielos… El cielo entonces es tratado como un sitio, pero un sitio espiritual. No hay carne ahí sino espíritu. Los ángeles en todas sus variantes, viven ahí, los espíritus viven ahí, Dios mismo vive ahí.

Cuando morimos, la carne y el espíritu se separan y dice la escritura en Eclesiastés 12 que el polvo (el cuerpo), vuelve a la tierra y el espíritu vuelve a Dios que lo dio. Entendemos que si nuestro espíritu vuelve a Dios y Dios vive en el cielo, entonces el espíritu va al cielo en el momento de nuestra muerte. Pero espera, perdemos de vista que también hay un antónimo: el infierno.

Bueno, el infierno también es un sitio espiritual pero donde no habita Dios. Dios está en una separación eterna con los espíritus del infierno y el estado de ellos es miserable por esta causa. Están separados de Dios por consecuencia del pecado.

Pero, ¿no asegura la Biblia que el espíritu va a Dios que lo dio? Efectivamente, solo que va a Dios para ser juzgado y colocado en el sitio que Dios considere pertinente: la gloria o el infierno.

Vimos entonces que la gloria y, por consecuencia, el infierno son lugares espirituales donde un espíritu habita vivo para siempre. Puesto que los espíritus no mueren, son sitios de vida eterna; la gloria es un sitio de vida plena eternizada y el infierno un sitio de vida miserable eternizada.

En el cielo la luz infinita de Dios ilumina a todo espíritu. Los alimenta de su gloria y su presencia, los llena de paz, y plenitud de amor, los sostiene con su propio aliento y los convierte en la plenitud máxima de la existencia. Bendición tras bendición, la gloria es el estado perfecto para todo espíritu. Lo máximo deseable. Lo más que puedas desear.

El infierno es vivir todo lo contrario, para siempre.

Capítulo 2. Hay un bonus

Todo lo dicho es lo que pasa, a la luz de la Biblia, después de la muerte del ser humano. Esto pasa porque la creación de Dios pecó, y ahora muere físicamente. Si no existiera pecado viviría eternamente en armonía con Dios. Ese es el plan original, para eso fue creada la Tierra y sus habitantes, pero todo se descompuso por el pecado como ya hemos explicado en otros episodios de esta serie.

Esto es relevante por lo siguiente:

Morimos. Vamos a la presencia de Dios. Somos colocados en el sitio que nos corresponde.

Pero si somos de aquéllos que quedan en la gloria, tenemos un extra que seguramente disfrutaremos muchísimo: seremos restaurados a ese plan original de Dios. Resucitaremos para habitar una Tierra nueva en cuerpos nuevos, que no se degradan ni mueren, siempre en una relación estrecha con nuestro Creador y Señor. Para siempre.

Recuperaremos un cuerpo perfecto, nuestra carne será restaurada en su lugar de acuerdo al plan original y Cristo será el rey, el Señor de todo, y todo estará bajo su poderosa mano protectora. Mira cómo describe la escritura ese momento, pero antes te dejo una nota: la escritura llama vástago, es decir una vara que nace del tronco de Isaí, a Jesús. Se le llama así, porque Isaí es su antecesor. Entonces, Jesús es la vara del tronco de Isaí.

Isaías 11:1-10

1. Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces.
2. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.
3. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos;
4. sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío.
5. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura.
6. Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará.
7. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja.
8. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora.
9. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.
10. Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa.

Esa nueva Tierra restaurada, será esta misma Tierra que está decadente por el pecado de la humanidad, solo que toda nueva, maravillosa, se antoja ¿no? Eso pasará cuando llegue el momento de la resurrección.

Capítulo 3. ¿Y para cuándo la resurrección?

Bien, la resurrección es esperada porque ya nos urge ver de nuevo a nuestros seres querido que han muerto. También nos llena de esperanza y nos permite sobrellevar el tema de la muerte con mejor actitud. Esto no es de ahora, ha sido la preocupación de la gente por todas sus generaciones. Caín, estaba ya preocupado por la muerte y era el hijo mayor de Adán y Eva. Es decir que esta inquietud ha acompañado a la humanidad por todos los tiempos.

El apóstol llamado Pablo, después de la muerte y Resurrección de Cristo, escribe a los creyentes que vivían en Tesalónica y les dice:

1ª Tesalonicenses 4:13-18

13. Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.
14. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.
15. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.
16. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
17. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.
18. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

Cuando se refiere a los que duermen, está hablando de los que han muerto. Les dice a propósito que duermen porque serán despertados, de acuerdo con sus palabras, en el momento en que Cristo vuelva, descendiendo del cielo mismo por segunda vez. Solo que ahora como rey poderoso y no como un bebé frágil en Belén.

En ese momento cada espíritu de los finados, pero que vivieron con su fe en Cristo, ocupará un cuerpo nuevo y continuará la Tierra nueva por siempre. Los que no pusieron su fe en el hijo único de Dios ni creyeron en su amor y su sacrificio para vencer al pecado, los que menospreciaron su presencia entre nosotros, y no le alabaron y no le mostraron amor ni fidelidad, ni consideración alguna, serán enviados al antónimo del cielo: el infierno.

¿Qué hacer? Porque me gustaría disfrutar de una vida de plenitud para siempre y no una vida miserable eternizada… Bueno, realmente no hay nada que podamos hacer para conseguirnos la salvación. Esto se consigue solo por regalo, un regalo De Dios.

¿Cómo puedo ganarme ese regalo? No puedes. Dios se lo da a quien quiere, por el solo deseo de su gracia. Así no habrá “merecedores” de la salvación, no habrá quien se la gane o la compre o se sacrifique por ella… Solo Cristo hizo eso para darte salvación a ti.

¿Cómo sé que lo hizo por ti? Porque gracias a Dios, tenemos miles de evidencias en nuestra vida que nos muestran que Dios nos ha hallado, la pista más importante es que el Espíritu Santo empieza a hablar a nuestra mente y a nuestro corazón.

Romanos 8:14-16

14. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
15. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
16. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

¡Va dejando pistas para que nos quede claro que está llamándonos por nuestro nombre! Como un pastor que llama a la oveja que anda perdida en el monte. Ella oye su voz y viene a él.

Que escuches la palabra de Dios con atención, que te gusten los temas relacionados con Jesús, que leas la Biblia con atención, que escuches música de alabanza y te haga crecer, hasta que leas este documento para aprender un poco, son señales de que Dios te busca. Si te busca es para mostrarte su amor a través de Jesús, ¡casi nada!

Cuando sientas que es el momento, voltea a ver a Jesús, mira sus ojos amorosos y date cuenta de que tu pastor te ha encontrado. Pide perdón por tu pecado y disfruta a partir de este momento de una vida plena por la eternidad. Desde ahora, puedes empezar a vivir tu vida en la gloria.