Noviembre 8, 2020

8. La Fe

La fe es uno de los conceptos más usados en Latinoamérica y en especial en nuestro país. Solo que su uso es absolutamente indiscriminado, cuando quizá la parte más relevante de la fe sea en quién se tiene esa fe o en qué.

Se dice por ejemplo que se tiene fe en un santo, en un té, en la manera de hacer algo, en un remedio, en una medicina, en los milagros, en el gobierno, en la ciencia o en Dios. Pereciera que todos estos objetos de la fe son iguales y sirven para lo mismo: para atraer un beneficio lejano, pero esperado, hacia el practicante de la fe. De hecho la fe está muy vinculada a los milagros, se le cree la proveedora de cosas extraordinarias, inauditas y nunca antes vistas. Muchos otros toman la fe directamente de la Biblia y la convierten en una forma mística de vivir la vida sin responsabilidad y como dijimos de manera milagrosa. 

¿Tienes fe en tu billete de lotería? ¿O en la empresa en la que trabajas? ¿En la economía del país? ¿O en el presidente? ¿Tienes fe en los números de la suerte, o en las estrellas, o en la palabra de quien te pide un préstamo? ¿Tienes fe en los bancos o en tu familia, en tu hijos o en los valores? Entonces, ¿es la fe la que resuelve tu vida? La biblia habla de la fe, pero ¿qué es realmente lo que significa esta palabra tan simple?

Por siglos, el ser humano, ha necesitado creer. Creer en lo que considera verdad. Cuando uno de nosotros cree, tiene confianza y esta confianza (que es tener paz frente a un momento incierto), se fue convirtiendo en algo místico y sobrenatural llamado fe. Muchos opinan que tener fe, es la clave para vivir un milagro. Otros piensan que decretando y repitiendo a veces a gritos, lo que se desea provocará que el universo otorgue lo deseado… Pero, ¿quién tiene el poder de hacer esto?, ¿la fe o el objeto de nuestra fe?

CAPÍTULO 1 ¿Tienes fe en la fe?

-Soy muy creyente, se escuchó decir a una persona que no deseaba escuchar que se le hablara de Dios.

-Tengo mucha fe.

Al repetir este concepto, la pregunta siguiente fue, ¿en qué tienes fe? Era una pregunta un tanto capciosa. Lo es. La pregunta era “en qué” tienes fe y no en “quién” tienes fe… Pero la persona entrevistada tampoco corrigió. Más bien se quedó callada y luego dijo: en mi fe, lo que me enseñaron mis papás.

La persona de esta parábola muestra lo que muchos latinoamericanos tienen en su corazón. La fe está extremadamente vinculada con la religión y muchos piensan o pensamos que con eso basta para vivir la vida según Dios. 

Analicemos.

En dos pasajes de la Biblia, Jesucristo se muestra muy receptivo a personas que tienen fe y alaba su fe y reacciona a su fe. Uno está en esta anécdota, pero antes recuerda que la fe es una enfermedad incurable y muy contagiosa y que los samaritanos eran considerados extranjeros en Galilea y no se les consideraba amigos.

Lucas 17:11-19

11Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.

12Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos

13y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!

14Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.

15Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz,

16y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.

17Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?

18¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?

19Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Cuando el Jesús ve a estos leprosos rogar por misericordia, decide utilizar su poder a su favor. No tuvo que tocarles, ni decir ninguna frase mágica o decretar sanidad, u orar a gritos o rezar alguna palabra poderosa, lo que hizo fue enviarlos a los sacerdotes que eran quienes verificaban que estuvieran sanos. Dice la Escritura que en el camino fueron limpiados de su enfermedad. 

¡Ah pero uno de ellos, el samaritano, empezó a gritar alabanzas a Dios! ¿Por qué a Dios? Y  se arrodilló con el rostro a tierra que era la forma de alabar a Dios y lo hizo frente a Jesús, agradeciéndole, ¿por qué a Jesús? ¿Por qué le dice “tu fe te ha salvado” y no “tu fe te ha sanado”?

Buenas preguntas.

Capítulo 2. El amor es vital para practicar la fe

Y hay un segundo relato entre muchos otros referentes a la fe.

Como siempre, te aclaro algo antes de la lectura: primero, los fariseos estaban muy orgullosos de una pureza que practicaban al grado tal de no poder ser tocados por personas que son abiertamente pecadoras. Y la segunda nota es, según lo que dice la Biblia, nadie puede perdonar los pecados de un ser humano sino Dios. Y por último, los denarios eran la moneda de la época.

Lucas 7:36-50

36Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.

37Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;

38y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.

39Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.

40Entonces respondiendo Jesús, le dijo:Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.

41Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;

42y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?

43Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.

44Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.

45No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.

46No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.

47Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.

48Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.

49Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?

50Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vé en paz.

Esta anécdota no requiere de mayor explicación, Jesucristo da las explicaciones pertinentes a Simón. Pero lo que sí haremos es preguntarnos… ¿Por qué Jesús perdona los pecados de esta mujer? ¿No conocía la Escritura? ¿No dice la escritura dice que solo Dios perdona nuestros pecados? 

¡Bien pensado! Jesús es Dios. Por eso él y solo él reacciona ante la fe de la gente. Él y solo él se considera amado por los que aman a Dios, él y solo él tiene el poder divino (es decir que pertenece a Dios), para perdonar sus pecados. 

En este pasaje de la Biblia aparece también la frase de Jesús: tu fe te ha salvado. Y ella no recibió alguna sanidad o alguna cosa milagrosa extraordinaria excepto que sus pecados le fueron perdonados, ¡por eso fue salvada! ¡Este es el milagro más grande que existe!

Ella manifestó su fe en Dios, que es Jesús, a través de su amor. El leproso del relato anterior manifestó su fe en Dios, que es Jesús, a través de su agradecimiento. Ambos manifestaron su fe en Dios, que es Jesús, a través de su adoración.

Capítulo 3. El objeto de mi fe

Tenemos que pensar un poco en dos cosas relevantes: la primera es ¿en qué tengo fe? Hago a propósito esta pregunta de un modo capcioso. 

¿Tienes tu fe puesta en algo inanimado, sin vida, sin poder que no es capaz de crear nada por sí mismo? ¿Está tu fe puesta en un objeto incapaz de hablarte, de amarte o restaurarte?

Quizá sea tiempo de cambiar la pregunta: ¿en quién tengo fe? Y aquí te sugiero que analices correctamente. Si buscas un objeto para tu fe, cualquiera puede darte un consejo pero si buscas un sujeto para colocar tu amor, tu gratitud, tu adoración, tu fe: piensa en Cristo que es Dios. 

Dios nos ha creado, es poderoso, es amoroso, es el único que ha mostrado su amor por ti al enviar a su único hijo, el amado del cielo, a morir en una corriente cruz por tu pecado, para que puedas decir con confianza que eres libre de todo pecado. Llegará el momento en que alguien te pregunte acerca de tu fe y con entera confianza podrás responder, mi fe está en Dios, en su hijo Jesucristo, quien me ha salvado.

Esto es lo más importante, después de ser salvado o salvada, tendrás oportunidad de aprender a utilizar tu fe en cosas muy hermosas que llenan de plenitud tu vida. Pero esa es harina de otro costal. Primero lo primero. Coloca tu fe en quien tiene el poder de la vida, quien puede relacionarse contigo porque está vivo, en quien te formó en el vientre de mamá y el único que te busca por amor. Aprende a amar a Dios y a reconocer que le amas porque él te amó primero… Antes incluso de que nacieras. ¡Eso es fe! Colócala en el sujeto perfecto, en el sujeto divino, colócala en Dios y solo en Dios.

Un día podrás estar delante de Cristo y le mostrarás tu amor y tu gratitud y tu adoración y él, con una hermosa sonrisa en sus labios te dirá:

¡Tu fe te ha salvado!