Octubre 25, 2020

6. La Autoridad

Los seres humanos somos colectivos. Quiere decir esto que no somos individuos aislados, personalistas o individualistas. Existen algunas especies animales que se mueven como nosotros, en conjuntos. A las aves colectivas se les llama parvadas, a los peces colectivos se les llama cardúmenes, a las bestias colectivas se les llama manadas y a los humanos colectivos se les reúne en sociedades. Ya basta, porque parece clase de cuarto de primaria, pero este fenómeno arrastra consecuencias que de ninguna forma podemos pasar por alto aunque queramos. 

Una consecuencia derivada de nuestra colectividad tiene que ver con la identificación y sometimiento a la autoridad. Esto da orden a nuestra convivencia y promueve valores como la solidaridad y el respeto, a más de la responsabilidad, la civilidad y el dominio propio. Esta parte parece ser ya más parecida a una clase de secundaria o prepa. 

A pesar de todo este conocimiento que hemos tenido por siglos y que en los animales resulta hasta instintivo, parece ser que hoy más que nunca tenemos un problema con la autoridad, pareciera que deseamos, necesitamos, deshacernos de ella cuanto antes. Perdemos el camino con mucha facilidad cuando se trata de, voluntariamente, someterse a nuestra autoridad. Tal vez ayude que nos esforcemos por ir al principio, conseguir cuanto antes claridad en lo que se refiere al concepto de autoridad, a su origen y a las razones por las que deberíamos reconocerla y someternos.

¿Quién inventó esto de tener una autoridad? ¿Sirve de algo para nuestra vida? ¿Y si vivo mi vida en soledad? ¿Hasta dónde llega el límite de la autoridad? ¿Pues no es que yo soy yo y no me parezco a nadie y soy dueño de mi vida y de mi propio destino? 

Capítulo 1. Autoridad viene de autor

Sí, la autoridad es un esquema de relación entre individuos, es más que el control, que por cierto es de las cosas que más detestamos del concepto de autoridad, y es la vinculación correcta en un conjunto de convivencia vivo. Es una facultad, no es algo que se gana y menos aún que se compre o adquiera a la mala. Todos tenemos una autoridad porque todos tenemos un origen… ¿Todos? Sí, menos Dios.

Dios no tiene origen, es eterno, permanente, inmortal e infinito. Por lo tanto no tiene un autor. No tiene un origen a quien le deba su existencia. Es por eso que Dios es el único que no debe sometimiento a nadie y es la autoridad máxima en lo que existe.

La Biblia dice que Dios creó los cielos y la tierra. Estás son las primeras palabras escritas en la Biblia, puedes confirmarlo abriendo el libro en la página 1. Habiendo creado el cielo y la tierra es su autor, por lo cual se convierte de manera facultativa en su autoridad. Lo creado está sometido, ni siquiera es que quiera someterse, sino que está sometido a la autoridad de su creador. Si queremos tener un ejemplo práctico, supongamos que con tus manos y un poco de barro hacer un vaso para beber agua. Lo utilizas, le das una función, lo cuidas, le das mantenimiento y cuando lo desees puedes destruirlo sin que nadie pueda decir ni media palabra. Eres su creador y con tu vaso haces lo que te dé la gana. 

Más complicado es con los seres vivos. Dios crea lo vivo. Establece un vínculo de autoría y de manera facultativa se convierte en su autoridad. Nada se opone, ni puede oponerse a su autoridad y al deseo de su voluntad. Es su autor, tiene su autoridad y es su deseo el destino de lo creado.

Todo parece muy claro hasta el momento, ¿por qué entonces se nos atora tanto esta palabrita? Luchamos por soltarnos de algo que no es externo sino interno, que no es funcional sino facultativo y no es intencional sino natural. Esta autoridad es divina, viene con el hecho mismo de haber sido creado. No nos hicimos a nosotros mismos, por eso tenemos un autor. Una autoridad.

El salmo 100:3 dice:

3 Reconoced que Jehová es Dios;

Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;

Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.

La autoridad máxima es Dios; de él se derivan el resto de los elementos de autoridad que hallamos a lo largo de nuestra vida. No solo es una autoridad espiritual, moral o religiosa, es la autoridad natural, física y existencial que es imposible dejar de reconocer. El ser humano lo ha intentado, pretende quitar autoridad a Dios y apoderarse de su lugar en esa cadena generada por la autoría. Pero esto es imposible. Siempre Dios recuperará lo que es suyo con evidente facilidad.

¿Por qué será que el ser humano pretende sacudirse algo que nadie le impuso sino que llega con la autoría? 

De lejos veía que Tango, nuestro perro, estrenaba un sweter que le compré para evitarle pasar frío. El can se veía hermoso tras la prenda recién adquirida por precio. En vez de mostrar su gratitud a un acto de amor como el mío, el perro empezó a sacudirse con violencia, a mordisquear el vestido y a quererlo arrebatar de su vida para siempre. Se quería deshacer de mi regalo. ¡Me sentí tan ofendido! ¿Sabes qué me dio más coraje? Que no hace lo mismo con la comida… 

Capítulo 2. La autoridad no se delega

Mateo 28:18-20

18Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

La autoridad tiene mucho que ver con el poder. De hecho el poder está tan relacionado con esto que muchas veces se le confunde. Se piensa que el poder es la autoridad completa. No es así, el poder es solo la posibilidad de imponer la voluntad, pero falta lo relativo a la compasión que es la posibilidad de NO imponer la voluntad. Ambas cosas, juntas, no separadas, definen a la verdadera autoridad. Poder y compasión es justicia, Dios mismo nos enseña esto. En eso se basa su autoridad en la justicia.

Cristo tiene todo poder, en el texto se le define como potestad; y él mismo, apuntala el hecho de que ese poder le es dado, alguien le dio poder, una autoridad superior le dio poder.  Jesús nos enseña que el poder puede ser transferido puede ser otorgado, es delegado. Así como le fue dado poder por la autoridad que le corresponde, Jesús puede darle poder a aquellos que están bajo su autoridad. No deja de tener autoridad solo otorga poder para que se lleven a cabo las cosas. 

Tienes razón, parece una escalerita. ¿Pero entonces en algún momento tendremos autoridad sobre alguien? Recuerdas que dije que la autoridad proviene del origen, sabrás entonces que todo aquello de lo que tú seas autor, está bajo tu autoridad, así como tú estás bajo la autoridad de alguien lo quieras o no. Y sobre ambas posiciones se te pedirá cuentas.

Hechos 1:7

7Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; 8pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. 

Si después de leer este texto me queda claro que tengo una misión y no la cumplo, tendré que responder ante mi autoridad sobre esto. 

Yo requiero de una autoridad para recibir poder y amor. Requiero de una autoridad para obtener ejemplo, luz, propósito, guía, control, dominio propio, cause, confianza, corrección, disciplina, ánimo, enjundia, impulso, reconocimiento. Todos requerimos una autoridad para esto. La familia necesita una autoridad para esto. Imagina que las familias pudiesen tener todo esto en su haber, sin duda se mantendrían juntas luchando por un propósito común, utilizando el poder para crecimiento y desarrollo de cada miembro y la compasión para el perdón y la confianza entre ellos. 

Si los niños aprendieran a reconocer su autoridad y a respetarla como tal, a disfrutarla y crecer bajo su observancia… bueno, los resultados serían increíblemente benignos. Si los varones apreciaremos la autoridad y nos sometiéramos gustosos, podríamos disfrutar de una confianza profunda y correcta. Si las mujeres consiguieran dejar de arrebatar la autoridad podrían conseguir la plenitud de un poder derivado del amor genuino. 

Pero eso sería mucha perfección ¿no?

Capítulo 3. Por aquí dejé tirada mi autoridad

Ya aclaramos que todos tenemos una autoridad ante quien hemos de responder pero también somos la autoridad de alguien que esté bajo nuestra autoría. Cuidado que no se trata solo de papá y mamá si a autores vamos. Podemos ser los autores de un plan, podemos ser los autores de un proyecto, de una iniciativa, de un comando… los que estén involucrados en esto están bajo autoridad. Ahora bien, ser autoridad no es saber mandar, o pegar de gritos o golpes en la mesa. Ya decíamos que la autoridad enarbola poder, pero también compasión, amor pues. 

La autoría de cualquier cosa proviene del amor. Por eso es que no hay autoridad sin amor. Así como tampoco hay autoridad sin poder. La autoridad tiene que aprender a buscar la justicia. ¿Recuerdas que la justicia es el equilibrio entre el poder y la compasión? Solo poder se convierte en el indeseable autoritarismo, y solo compasión genera abusos de confianza y diluye el orden y la disciplina y genera anarquía. El equilibrio de ambos con tendencia al amor, genera una autoridad fuerte, respetable, coherente, poderosa, equilibrada, justa. Y todos queremos eso.

Queremos descansar en el poder de una autoridad capaz. Deseamos disfrutar de su atención, amor y buena ley. Necesitamos de su justicia e inteligencia emocional y racional. ¡Nos encantaría tener y ser una autoridad así!

Dios nos pone el ejemplo. Él es una autoridad así. Su justicia impera y pone orden. Su poder se manifiesta con claridad, pero sus amor lo domina todo. Cada decisión es tomada pensando en quienes respetan con anhelo su autoridad. Dios es el ejemplo perfecto de autoridad. Jesús mismo se somete a la autoridad de Dios y disfruta de estos beneficios, luego toma ejemplo y se convierte en una autoridad perfecta para su iglesia, la iglesia… ¿estará tomando ejemplo para aplicar ejercer su autoridad?

Más nos vale que así sea.

Identifica qué y quiénes están bajo tu autoría. Tales están bajo tu autoridad. Aprende cómo es que Dios ejerce su autoridad e imítalo.

Todos tenemos una o varias autoridades, identifica cuáles son en tu vida y comprende que si tu autoridad no tiene lo que la escritura pide (imitando a Dios), entonces tendrás que recurrir a la autoridad que sigue hacia arriba. De esa manera no te quedarás sin autoridad, lo cual es lo peor que te puede pasar.

Colócate bajo autoridad y ora mucho por ellos, porque estamos todos desviados por el pecado del ser humano, así que no podemos esperar tanto como deseáremos. Muchos inclusive tratan de robar la autoridad de otros o abandonan el ejercicio de su propia autoridad.

Si has perdido a tus autoridades o no las identificas con claridad, colócate directamente bajo la de Cristo, que está bajo la de Dios. Ahí, créeme, ahí no hay pierde.