Octubre 18, 2020

5. El Espíritu Santo

Imagínate que vives en el tiempo de Cristo. Que tienes oportunidad de verle, escuchar sus palabras y presenciar sus increíbles milagros. Lo ves caminar sobre el agua, convertir un par de peces en un banquete para cinco mil personas, eres testigo de los paralíticos que son sanados y ciegos que pueden ver por primera vez en su vida. Es extraordinaria su simple presencia entre la gente que le sigue. Muchas mujeres lloran cuando le ven, los varones le admiran a tal grado que ofrecerían gustosos su vida por defenderle de sus perseguidores. ¡Los niños sonríen por su simple mirada amorosa!

Los discípulos de Cristo están viviendo en carne propia la presencia misma de su creador. Pueden acercarse, comer juntos, platicar, ¡tocarle! Jesús, les trata como amigos y más de una vez bromea con ellos… Todo está en una extraña perfección, no sin problemas, los hay y algunos graves, pero hay una perfección indescriptible en la presencia de Cristo. Jesús habla de que es uno con su Padre que está en los cielos. Se refiere al Padre con familiaridad y continuamente enfatiza la unidad que tiene con el creador de todos nosotros. Pero últimamente, Jesús ha estado hablando de su partida. Habla de que tendrá que irse, el corazón nos da un vuelco. ¿Por qué habla de irse? ¿Cuándo? ¿ A dónde? ¿Por qué? Y de pronto el Señor Jesús dice unas palabra que no tienen sentido alguno:

-A ustedes les conviene que me vaya. 

¿Cómo puede haber algo más conveniente que tenerle entre nosotros? ¡Este héroe es capaz de liberarnos del yugo romano! ¡Con solo desearlo! ¿Cómo puede haber algo más conveniente que tenerle haciendo milagros en pro de la salud y de la paz con Dios? ¿Por qué, por qué nos conviene? 

Capítulo 1 Vendrá alguien a consolarnos

Este relato viene descrito en el evangelio de Juan capítulo 14:15-29 y me permito leerlo para que escuchemos las palabras exactas de Cristo:

15Si me amáis, guardad mis mandamientos.

16Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:

17el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

18No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.

19Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.

20En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

21El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

22Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?

23Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

24El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.

25Os he dicho estas cosas estando con vosotros.

26Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

27La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

28Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo.

29Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis.

Es muy interesante que el Señor empieza su noticia acerca del Espíritu Santo, llamándole Consolador, alguien que podrá sacarnos de un desconsuelo o dolor. Este desconsuelo no solo proviene de la muerte de Cristo, si no que proviene de este mundo que está en decadencia y requiere de una restauración para volver a la intención original de su creador. Esta decadencia originada por el pecado del ser humano, causa dolores profundos en los hijos e hijas de Dios. El consuelo es necesario y ese consuelo proviene de Cristo. Pero Jesús está despidiéndose, tiene que ir al Padre, necesita volver a su trono de gloria y no piensa dejarnos abandonados. Los que han creído en Jesús, tendrán que padecer los agobios de un mundo moribundo. ¿No me crees? Solo tienes que prender la televisión para ver las últimas noticias. O leerlas en la internet, o peor aún, sumergirte en las redes sociales para sentir el dolor de este mundo decadente.

Los que han creído en Jesús, tendrán que padecer los agobios de un mundo moribundo, pero tendrán la presencia permanente de Dios en su vida, en su ser, en su alma. La permanencia de este espíritu que dará consuelo a nuestro corazón es vital para nosotros. Dice la escritura que nos dará consuelo a través de la verdad. En el versículo 17 le llama Espíritu de Verdad. Esta verdad es la que nos hará libres de tanto dolor por el pecado. Esta verdad es Jesús mismo. El Espíritu Santo es el que nos muestra a Jesús, nos recuerda las palabras de Jesús, nos guía hacia Jesús. Porque el Espíritu Santo no es quien se sacrificó por nuestro pecado para darnos salvación, ese es Jesús, pero es el Espíritu Santo quien nos hace conscientes de la salvación por Cristo.

Capítulo 2 Es permanente

Desde el principio en el Génesis, apenas en el segundo versículo, se puede leer que el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas, estaba desde el principio, al igual que el Padre y el Hijo. Es Dios en tres personas. A lo largo de la Biblia se puede leer que los profetas, los jueces, los reyes y otras personas recibían el Espíritu Santo para ejecutar acciones de poder específicas, y el Espíritu les dejaba tras cumplir con su cometido. Pero tras el sacrificio de Jesucristo esto cambió.

El Espíritu Santo es la presencia misma de Dios en nuestra vida. Es la muestra de que el vínculo creado en el principio entre el ser humano y Dios se ha restaurado. Esta compañía es permanente. Esta guía es eficaz e inamovible. Esta relación es estrecha e íntima. Dios ha cumplido su palabra y está permanentemente con nosotros para nuestro consuelo y beneficio. 

A partir de este momento en que Cristo promete enviar al Espíritu Santo, ya no nos separaremos más de Dios. El Espíritu Santo se muestra de muchas formas físicas interesante, por ejemplo sabemos por la Biblia que se mostró con forma de paloma y también como una llama pequeña de fuego sobre la cabeza de su anfitrión, pero cómo se muestre no es lo más importante, lo importante es que nos recuerda que hay que ir al Padre a través de Cristo y solo de Cristo. Ni siquiera a través del mismo Espíritu Santo. Solo hay un camino a la reconciliación con el Padre y ese es Jesucristo.

Resulta que es maravillosa la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida porque sin importar la época en la que nazcamos, o el país o nuestro idioma o idiosincracia, Dios está con y en nosotros a través de Cristo, aunque éste ya no esté entre nosotros. Le debemos al Espíritu Santo que tengamos el poder de Dios de nuestro lado, que muchos presencien milagros y que todas las cosas nos ayuden a bien, que Dios nos abrace y nos guarde, que podamos sobrellevar esta vida decadente dando pasos de victoria y en una actitud de alegría y paz. Le debemos al Espíritu Santo que Dios esté habitando en nuestro corazón como si de un templo especial se tratase y que Cristo sea el rey de nuestra vida cuando reconocemos su amor y su sacrificio. Las cosas más espectaculares de la vida en Cristo se las debemos al Espíritu Santo, pero esto no es lo más relevante, lo más relevante es que el Espíritu Santo nos permite vivir permanentemente en relación con Dios.

Capítulo 3 Habita en nosotros

Sí, el Espíritu Santo nos toma. Habita en nosotros, comparte el espacio de nuestro espíritu y se amalgama con nuestro ser para cohabitar siempre. Se apachurra con nuestra alma pero con su fuerza nos recupera. Se alegra con nuestra alma pero también nos da dominio propio con su fuerza de voluntad, presencia nuestra tendencia al pecado pero nos mueve a resistir con su templanza, nos controla para ser pacientes en el enojo, nos invita al perdón y al amor, nos toma de la mano y nos conduce al bien a pesar del mal que nos rodea. Es cierto, lo que piensas: cambia nuestra vida, eficazmente, permanentemente.

Nuestra vida empieza dar fruto de bondad por su sola presencia. Nada de esto que te estoy mencionando es posible sin su presencia en nuestra vida. La Biblia misma menciona que el fruto del Espíritu Santo está contrapuesto a nuestra decadente naturaleza humana y es lo que finalmente nos da eso que no entendemos muy bien y llamamos verdadera vida.

Gálatas 5:16-25

16Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.

17Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.

18Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

19Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,

20idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,

21envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

22Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,

23mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

24Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

25Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

Nota cómo la Escritura habla en el mismo enunciado de Cristo y del Espíritu Santo, no son ajenos, están perfectamente integrados a nuestra existencia para conducirnos a una vida de paz con Dios. Dios, Cristo y el Espíritu Santo caben perfectamente, embonan en la misma ecuación. Tan es así que les llamamos con el nombre de trinidad, tres personas en un solo Dios. La Trinidad, la Santa Trinidad o la Santísima Trinidad es una forma de llamar a Dios en su conjunto.

¿Cómo puedo conseguir al Espíritu Santo para mi vida? Claro, es una pregunta elemental, sobre todo porque ahora sabemos que nos es conveniente tenerlo en nuestra alma. La Escritura lo dice, Cristo es quien lo envió para sus discípulos, para los que creen en él, para los que guardan su palabra, para los que le obedecen para los que comprenden que sin Dios nada podemos hacer, para aquellos que se entregan a una relación con su creador, para los que están dispuestos a dejar su pecado por seguir a Cristo, ¡para los que aman a Dios!

Y para los que no, pues no.

Pide al Señor Jesús en oración que te obsequie la presencia del Espíritu Santo en tu vida. Primero sentirás una suerte de desintoxicación espiritual densa, verdadera, intensa, tu vida cambiará sus costumbres y sus actitudes para siempre, pero una vez limpio o limpia, esa casa espiritual que es tu corazón resplandecerá delante de tu Dios, gracias al Espíritu Santo que te lleva a Cristo para tu restauración.

Cree en Cristo, recibe el Espíritu Santo y haz las paces con Dios.