Octubre 11, 2020

4. La Oración

Después de la caída del ser humano en pecado, se rompieron las relaciones más limpias, puras y convenientes con nuestro creador, Dios y Señor; se nota en el libro de Génesis que esta separación está haciendo una merma irreparable en el corazón de Dios. No iba a pasar por alto el pecado cometido en su contra sino que la sentencia dictada con anterioridad tendría que cumplirse. La paga del pecado es la muerte. Así que alguien tenía que morir. 

Cristo se ofrece a morir por el pecado de muchos y resucita como señal de victoria. Una victoria para sus elegidos, para su pueblo. El pueblo de Dios ahora creció hasta el punto de hacerse universal. Todo este pueblo ahora está reunido bajo el nombre de iglesia de Cristo para que sean los vencedores y restauradores de los males generados a la creación entera por el pecado. 

Ahora, es necesario que aprendamos de nuevo lo que significa estar libre de las cadenas del pecado; será necesario que se nos enseñe de nuevo lo que significa estar en paz con Dios. Para esto el plan de Dios es simple, requerimos comunicación y obediencia.  La comunicación nos permitirá recibir las instrucciones necesarias y la obediencia nos restaurará al llevar a cabo lo indicado.

La comunicación tiene dos lados, tiene un emisor y un receptor, pero no queda ahí, la comunicación necesita que el receptor pueda a su vez enviar un mensaje de regreso, a esto se le llama retroalimentación. 

¿Qué tal si el receptor no entiende correctamente el mensaje? ¿Qué pasa si tiene dudas o necesidades para llevar a cabo lo solicitado por el emisor? ¿Cómo sabrán ambos, el emisor y el receptor, que están hablando de lo mismo? ¿Y si el receptor necesita hacer llegar un mensaje al emisor? Pues bien. Dios es el creador de la comunicación, así que veamos qué es la oración en relación con la Palabra de Dios.

Capítulo 1 . La oración es solo media comunicación

En la iglesia nos han hablado de la oración, y es planteada como un medio que el Señor ha provisto en su gracia (que es otorgar algo sin que el otro lo merezca), que haya un canal abierto con Dios. Dios ha prometido en su palabra que Él escuchará la oración de aquellos que están en obediencia y que pertenecen a su iglesia.  Este medio de gracia es la oración. Por medio de la oración el ser humano puede comunicarse con Dios. Dirás ¡qué fácil!, la dificultad no está en hablar a solas, con los ojos cerrados y con las manos muy reverentes puestas en el pecho o en alto, ciertamente eso no es difícil, lo difícil es que te escuche alguien. 

No olvidemos que Dios está separado de nosotros por el pecado del ser humano, no está atento su oído al clamor de desesperación del ser humano, a menos que haya dos condiciones cumplidas:

  1. Que el ser humano que ora sea parte de su iglesia (que es su pueblo, y más aún, su familia). Ser parte de su iglesia no significa ir todos los domingos a misa o a los cultos de adoración. La única manera de entrar en la iglesia de Cristo es por la fe. La fe es creer con claridad, certeza y seguridad que Cristo murió por mi pecado, que por su causa fui perdonado y que podré verle cuando se cumpla mi esperanza de estar en su presencia para siempre cuando yo resucite por el poder de Dios Padre. No hay forma de acercarse a Cristo a menos que el Padre nos haya apartado para eso. Créeme que si estás escuchando esto y estudiando la palabra de Dios y buscando el rostro de Dios es porque el Padre te ha apartado para este menester. De no ser así, seguirías como la mayoría de la humanidad envuelto en tu pecado y sin interés alguno en Dios. Esta fue la primera condición: PERTENECER.
  2. Que el ser humano que ora lo haga confiando absolutamente que es escuchado. La fe es el  elemento primario para entender que la oración te acerca a Dios de manera definitiva, sin los estorbos de tu pecado, que Dios mismo sabe que tienes, tanto así lo sabe, que su Hijo murió por ese pecado para que seas justificado delante de Él. La fe es entonces tener la certeza de que Jesús es protagonista en la historia de tu vida. Le das su lugar como salvador, le das su lugar como único mediador entre tú y Dios y le das su lugar como Señor de tu vida. Él es rey y nosotros su siervos, quienes le amamos sobre todas las cosas y obedecemos sus palabras al pie de la letra. Esta fe es indispensable para que tu oración sea escuchada con resultados extraordinarios. La segunda condición es LA FE.

La palabra de Dios dice:

El Señor Jesús establece delante de sus discípulos que todo lo que él es es resultado de la presencia del Padre en su vida. Jesús y el Padre son uno, y hace una promesa impactante:

Juan 14:12-14 

12De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

13Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

14Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

Establece un canal clarísimo de comunicación con ida y vuelta. La oración es el retorno, la retroalimentación para un emisor que ha enviado ya su mensaje a través de la Biblia. La oración es solo la mitad de este proceso comunicativo.

Capítulo 2. Escucha y habla

Nota cómo el capítulo 14, versículo 12, del evangelio de Juan primero plantea las condiciones antes de hablar de una oración efectiva: 

12De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

Establece con claridad que primero hay que pertenecer. Dice que es para los que creen en él. Y claro, ahora tienes una pregunta obvia, ¿cómo le hago para creer? Bien la respuesta está en la Biblia, literalmente.

El apóstol Pablo  asegura en la carta a los Romanos capítulo 10:

11Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

12Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan;

13porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

14¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

15¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

16Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?

17Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Así, oyendo, es como podemos conocer la Palabra de Dios, y es la palabra la que nos lleva al conocimiento de Cristo y Cristo nos impacta al grado de creerle incondicionalmente, hasta poner nuestra vida en su mano. Esto es fe.

Teniendo esto en nuestra vida, entonces sí, tenemos una comunicación eficaz. Dios se expresa a través de la Biblia y únicamente a través de la biblia, que es su palabra. Y nosotros nos expresamos a través de la oración. Nosotros le oímos cuando leemos o escuchamos y él nos oye cuando hablamos con él donde quiera que estemos. 

En una relación como esta, estamos de nuevo en el principio en una intimidad estrecha y restaurada. Wow, esto es impresionante y deseable!

Ten cuidado con aquellos que dicen que Dios ha enviado un mensaje y contradicen lo que dice la Biblia. La Biblia es el sitio en el que hallas el pensamiento de Dios. Ahí esta su expresión. Estúdiala antes de buscar nuevos mensajes contradictorios con la escritura. Hay mucho charlatán por ahí y la misma Biblia advierte acerca de ellos, a través de Jesús, diciendo:

Mateo 7:15-20

15Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

16Por sus frutos los conoceréis. 

Y continúa:

18No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

19Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

20Así que, por sus frutos los conoceréis.

El apóstol Pedro también advierte sobre esto:

2 Pedro 2:1-3

1Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.

2Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado,

3y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.

Mantén el mensaje que manda Dios lo más fiel posible a la escritura de su libro, de esta forma errarás menos para entenderle y obedecerle. Busca buenos asesores que TODO lo basen en la escritura, que sepan enseñar y que sean piadosos y pacientes de corazón, así crecerás en el conocimiento de Dios.

Capítulo 3. Ora pues

Una vez que recibimos la palabra del Señor, corresponde orar para expresarnos delante de Dios. ¿Qué podemos decir? Todo. Todo lo que tengas en tu mente y en tu ser.

Podemos expresar nuestras emociones, esto incluye alegrías, miedos, frustraciones, desconsuelos y amor; podemos expresar nuestra duda, nuestra necesidad e inclusive nuestros planes. Podemos hablar con nuestro Dios de nosotros mismos, pero sobre todo de nuestros amigos y enemigos, podemos rogar por bendiciones para ellos ¡y podemos alabar constantemente el nombre de Dios! Podemos buscar consuelo, podemos dar las gracias por lo recibido, podemos pedir que se nos aclaren las instrucciones, podemos pedir ser tomados en cuenta para el trabajo en su iglesia. Todo esto por medio de la oración.

¿Cómo se ora? De la manera más natural posible. Muchos prefieren en silencio, porque les permite concentrarse, otros, prefieren que hay música de fondo, otro lo hacen mientras meditan en la palabra de Dios, otros tantos lo hacen mientras cantan, algunos más atrevidos e innovadores lo hacen a través de expresiones artísticas de todo tipo. Vaya, realmente orar no implica más que vaciar tu corazón frente al Señor. 

Sabe que hay un interlocutor que te escucha. Dirígete a Dios como a tu creador, si bien Dios nos ha dado la confianza de ser parte de su familia, y nos dice amigos, no deja de ser Dios y la escritura dice que es todopoderoso y el propietario de todo lo que hay, así que accede a Él con confianza pero también con el debido respeto y reverencia.

Si cierras los ojos, te distraes menos, pero también puedes orar con los ojos abiertos puesto que esta plática es tan larga como el asunto que estés tratando con tu Señor. Muchos se arrodillan, el Señor Jesús lo hacía, esto muestra humildad. Otros buscan lugares apartados, de manera que no sean interrumpidos, algunos más prefieren la madrugada… El rey David era uno de ellos, uno de sus poemas dice:

Salmo 63

1Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas,

2Para ver tu poder y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario.

Inclusive, mientras dormita, David sigue en contacto con Dios:

4Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos.

5Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, Y con labios de júbilo te alabará mi boca,

6Cuando me acuerde de ti en mi lecho, Cuando medite en ti en las vigilias de la noche.

7Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré.

Cuando ores, escucha. No solo hables. Llegará su Palabra a tu mente y el Señor mismo estará hablando a tu corazón a través de ella. 

¿Te dejo una tarea? Busca en Mateo 6:9 en tu Biblia, ahí está escrita la oración que hizo Cristo para enseñar a orar a sus discípulos: ¿Cuáles expresiones distintas detectas en esta corta oración? ¿Qué tono usa Jesús para dirigirse a Dios Padre? ¿Tendrá sentido repetir y repetir una oración idéntica a una hecha por otro ser humano? A estas repeticiones les llamamos rezos y sí, realmente hay diferencias con la oración, identifica cuáles.

Cuando hayas hecho tu tarea, estarás en el momento ideal para acercarte a Dios en oración, hazlo siempre en el nombre de Jesús, como él instruye y ya nunca dejes de orar. Ora todo el tiempo, sin cesar, ¡esto cambiará tu vida! 

Gracias Amado Padre por cada una de las personas que escuchan este material, te ruego que les bendigas y les guardes y a su familia por igual. Bendigo tu nombre, Señor, y tu amor infinito, en el nombre poderoso de Jesús, amén.