Octubre 4, 2020

3. La Iglesia

Ciertamente, hay muchas iglesias en nuestro país. Se dice que en Cholula, Puebla, hay cosa de 365 cúpulas, como para cubrir todos los días del año. Cuando hay terremotos, sin duda nos acordamos de las iglesias y nos ponemos en alerta ante cualquier derrumbe de estos viejos edificios. Pero, ¿qué es la iglesia? Bueno tal vez hoy podamos darle una respuesta correcta a esta pregunta que nos ha merodeado por mucho tiempo.

Creemos que el vocablo iglesia se re refiere a estos imponentes edificios construidos a lo largo de los últimos siglos en el mundo, y en cierta forma así es; pero la Biblia también llama iglesia (usa este vocablo), para referirse a algo más importante. La iglesia Católica Romana cuenta con una cantidad de fieles de entre el 15 y el 18 por ciento de la población global y, por supuesto, requiere de más de 200 mil parroquias y templos en el mundo. No es raro entonces, que tengamos una relación muy estrecha con los templos, las cúpulas, los altares y los atrios de los templos católicos. México es el segundo país con más profesantes de esta fe, solo después de Brasil. La iglesia en México tiene una historia estrechamente ligada a la historia misma del país, desde su conquista hasta su desarrollo como nación independiente. Basta recordar que el padre mismo de la patria y en esta alegoría, el tío cercano de la misma, son Hidalgo y Morelos, dos clérigos de la institución católica.

Pareciera que respiramos iglesia en nuestro país. ¿Esto es bueno o malo? A veces parece más bien que simplemente es lo que hay. Pareciera que la iglesia es como el pariente incómodo con el que debes cargar. Por cierto, muchas veces la iglesia en el mundo ha servido para bien, pero otras tantas no. ¿Será esto lo que Dios quiere de su iglesia?

Capítulo 1. La iglesia no se construye con ladrillos

Vamos a la Biblia. No olvidemos que este asunto tan cercano a Dios debería estar descrito en las Sagradas Escrituras y más que eso, ¡debería ser muy relevante! Así que veamos cuál es la posición de Dios acerca de este asunto.

Lo primero que hallamos en Génesis es que Dios, luego de la caída del humano ante el pecado, busca a un ser humano al que ama. Dios empieza mostrando su amor por un ser humano en particular. Está recuperando su gracia por su obra magnífica, la traición humana fue haciéndose cada vez más abominable, es decir, desagradable y dolorosa para el corazón de Dios, al grado que nuestro creador decide terminar con su creación especial. Y los pasa por agua. Es el diluvio universal. Apenas un escarmiento ante tanta maldad desatada en el mundo. ¡Hasta Dios que tiene paciencia eterna estaba harto! Llueve pues en la tierra y todos mueren. ¿Todos? Nop.

Vemos en Génesis que Dios desde el fondo de su corazón está buscando a alguien. Alguien que ama. Lo busca y lo halla. Y con esa vocación paciente, de consideración a su amado, le ofrece literalmente una tabla de salvación. Seguramente oiste hablar de esta persona: Noé.

Sí, el arca de Noé es el relato que ya conoces. No abundaré en el tema porque lo puedes leer sin problemas en Génesis 6 y los capítulos siguientes. Lo relevante para el tema es que Dios aparta a Noé y lo rescata de la destrucción, el diluvio, generado por el pecado de la humanidad. La palabra “apartar”, adquiere una relevancia impresionante más adelante.

Noé y su familia y un par de cada especie animal son rescatados por la buena voluntad de Dios, por su amor, por su consideración inmerecida, a esto le llamaremos GRACIA. Por la gracia de Dios.

Más adelante hallamos en el mismo Génesis que Dios está buscando a alguien que ama, lo busca y lo halla. Este hombre se llama Abraham. Con Abraham hace un pacto perpetuo, es decir un pacto que no termina. El pacto es acerca de la gente. Dios le dice a Abraham que, aún siendo estéril su mujer y siendo ambos unos ancianos de 100 y 90 años respectivamente, Sara, su esposa ¡quedará embarazada y dará a luz un hijo! Y no solo eso, si no que los hijos de los hijos de los hijos… bueno todas las generaciones después de Abraham disfrutarán del mismo pacto con Dios. Este pacto involucra a mucha gente en relación con Dios. Su creador los buscó y los empieza a reunir en un pueblo.

Ya vemos que Dios extraña a su amada creación. Su amor empieza a ser más fuerte que su dolor, su amor empieza a sobreponerse a toda traición y ¡empeña su palabra a favor de sus amados! El pueblo empieza a formarse, no con ladrillos sino con personas. Incluyendo a personas que aún no nacían ni siquiera estaban en planes, más allá del tiempo y de la distancia. Pero todos ellos muy amados por Dios.

El hijo de Abraham se llamó Isaac y fue padre de quien se llamó Jacob y que Dios re nombró como Israel. Ese nombre ya te suena ¿no? Israel (la nación), es ese pueblo con el que Dios hizo pacto. Y ese pacto tenía una firma para establecer su pertenencia y participación de sus beneficios: la circuncisión. A los varones recién nacidos, con un ritual especial se les retiraba el prepucio del pene. Esta era la señal.

La Biblia hace referencia a Dios como un pastor y a su pueblo como ovejas. Vemos este concepto muy claramente a lo largo de la Biblia, somos una comunidad, un rebaño, un conjunto, y para nada individuos aislados.

El Salmo 23:1-4 dice:

1. Jehová es mi pastor; nada me faltará.
2. En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
3. Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

4. Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Jesucristo dice de sí mismo en el evangelio de Juan 10:1-11

1. De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador.
2. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.
3. A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.
4. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
5. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.
6. Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
7. Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.
8. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.
9. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.
10. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
11. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

Por cierto, el pacto hecho con Abraham se cumplió a cabalidad. El pueblo de Dios o su rebaño, este conjunto de seres amados por Dios estuvo, ha estado y estará bajo su tutela y su cobijo perpetuamente. La descendencia de Abraham, tuvo profetas, sacerdotes y reyes a lo largo de los siglos. Incluyendo a Cristo, quien ejerció los tres oficios al mismo tiempo.

Conocemos a Cristo como Dios mismo, como hijo de Dios en la Trinidad, como salvador, como redentor, pero ahora lo conoceremos como fundador.

Capítulo 2 Aquí fundaré mi iglesia

Cristo fue el cordero sacrificado por el resto de las ovejas. El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, El Cordero es otra manera en que la Biblia nombra a Cristo. Así que Jesús, Jesucristo, se convierte en una pieza fundamental para hacer crecer al pueblo de Dios. Hasta ese momento Israel era en sus generaciones todo el pueblo, todo el rebaño que Dios tenía bajo su rectorado. Pero con la llegada de Cristo, la redención se extendía a todo el mundo. La señal que se usaba para recordar la vigencia del viejo pacto ahora sería cambiada por una nueva, porque el pacto crecería. La nueva señal era el bautismo.

Con el bautismo ahora el pacto se hacía más grande, las mujeres serían bautizadas y la señal podría multiplicarse por dos. Ahora serían hombres y mujeres con la señal y no solo los varones como es para Israel. Cristo se convierte en el nuevo pacto, el pacto está haciéndose más vasto y relevante. Derramando su sangre en un madero, Jesús firma con ella por parte de Dios y los seres humanos que formarán el nuevo pueblo de Dios, ya no solo los israelitas o judíos como los conocemos, sino todo el que sea apartado por Dios, será bautizado cuando haya creído que la muerte de Jesús es para su beneficio.

La firma del nuevo pacto es el bautismo. Esto nos recuerda su vigencia y beneficios.

Este nuevo pueblo, más amplio, incluyente y profundamente amado y apartado por Dios, se reúne bajo el nombre de Cristo. Es como si hubiese nacido en Cristo. Así como los que nacemos en México somos mexicanos, los que nacemos en Cristo a través de la fe en él, somos cristianos.

Ya no tenemos un territorio, como los israelitas. El mundo entero es nuestro territorio, además de que no es relevante nunca más. Ya no tenemos una sola nacionalidad como los israelitas, Cristo es nuestra nacionalidad. Ya no tenemos un pacto legalista sino de fe y con una señal que nos abraza más con amor que con la ley.

Cristo hablando con Pedro tiene el siguiente diálogo:

Mateo 16:13-18

13. Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
14. Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
15. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
16. Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
17. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
18. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Jesús pasó casi todo su ministerio enseñando que Él era Dios, que su divinidad había sido dejada de lado para nacer como un ser mortal y humano. Esto, para poder morir como un cordero por el resto de las ovejas. Pero nadie cachaba esa idea con facilidad. De hecho para los israelitas o judíos, era pecado compararse con Dios y más aún decir las cosas que Jesús decía acerca de ser Dios. En este diálogo Pedro hace una declaración que sorprende a Jesús ¡y le anima! Jesús le muestra un pedacito de futuro, le comparte que se fundará un pueblo mayor, un nuevo y poderoso pacto, en fin todo lo que ya hemos dicho… pero las palabras más relevantes del texto son las siguientes:

“sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.”

Edificaré mi IGLESIA… ¡habla del nombre de este nuevo pueblo! Iglesia es el nombre del nuevo pueblo extendido, las nuevas ovejas tienen este nombre, los que son bautizados, estén donde estén, en el tiempo que sea que vivan, tengan la profesión que sea, sean hombres o mujeres del color que se vea en su piel, sin importar su tamaño o condición física, ni su edad ni su estado civil… serán llamados IGLESIA.

¡Qué maravilloso concepto! No importa si eres israelita o no, eres iglesia si crees que la muerte de Cristo te da salvación y renueva tu vida para siempre.

Capítulo 3 Pueblo con propósito

Hay una segunda parte en el texto que leímos previamente, deja lo recuerdo:

Mateo 16:18 dice: sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

La palabra Hades en la mitología griega correspondía a la morada de los muertos con sus deidades, muchas veces se le traduce como infierno y como tumba. Cualquiera que sea su acepción, Jesús dice que su iglesia irá a las puertas del Hades y las tumbará. Y ciertamente, su iglesia derrotó a la muerte pues tiene la promesa de resucitar como Cristo lo hizo; las deidades y demonios del inframundo son vencidas por la iglesia como lo hizo Cristo; el infierno mismo es derrotado por la promesa de una tierra nueva y un cielo nuevo que hay en la restauración de nuestra vida con Cristo.

El propósito de la iglesia no es ir a cultos o misas los domingos, el propósito de la Iglesia es ser más que vencedores debido a que Cristo es más que vencedor, lo dice la Biblia misma:

Romanos 8:28-37

28. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

29. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

30. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.

31. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

32. El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

33. ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

34. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

35. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

36. Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero.

37. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

38. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

39. ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Maravilloso texto, ¿no? Esto dice la biblia sobre la iglesia de Cristo. La iglesia es donde nacemos para formar parte del pueblo de Dios, para vencer y que Dios sea glorificado por esa victoria, para restaurar lo perdido por el pecado, para ser liberado del pecado y que podamos ser libres de esclavitud, para que reconozcamos a nuestros hermanos en Cristo y nos mostremos amor, para influir en el mundo y restaurarlo en el nombre de Jesús. La iglesia es poderosa espiritualmente y muestra su alegría cantando, muestra su entereza orando y muestra su luz predicando. Jesús la lleva mas allá y dice: ¡la iglesia es mi esposa amada! Es mi propio cuerpo, con muchos órganos y miembros pero con un solo espíritu que vive en paz para siempre.

Si la iglesia que conoces es un edificio, cambia ya tu pensamiento. Y si no se parece a esto que dice la Biblia, entonces no es la iglesia de Cristo sino de alguien más.