Septiembre 27, 2020

2. El Pecado

Cuando pensamos en el pecado solemos ir, en nuestra mente, a violaciones, asesinatos, robo, sexo… Y pensamos que todo este asunto es injusto o más bien algo inventado por la iglesia para mantener el control de los feligreses. Se dice que en el acto mismo de la confesión de pecados, los papas y en general el clero, tienen una cota de poder muy importante. El pecado, entonces, ¿es una invención para controlar al prójimo? ¿Tiene que ver con lo que hacemos? ¿Es malo porque afecta a los demás seres humanos? ¿Son solo “errores” que cometemos? ¿Qué dice Dios sobre este tema tan polémico? ¿Dónde empieza y dónde termina el pecado?

La Biblia es nuestra mejor fuente de información al respecto, porque el pecado empieza y se vuelve pecado en referencia a Dios y nada más que a Dios. Entonces veamos lo que la Palabra de Dios dice acerca del pecado a ver si finalmente entendemos de qué se trata este laberinto.

Capítulo 1 El pecado es inherente

La palabra inherente significa que es esencial y permanente en un ser o en una cosa y que no se puede separar de él por formar parte de su naturaleza y no depender de algo externo. A ver, vamos aclarando, para eso hay que ir al principio.

Dios, en el principio había formado al hombre y a la mujer y soplado de su propio aliento para que fuesen a la imagen misma de Dios. Su relación con el Creador estaba sustentada en la similitud, en la confianza y en el amor. Esta intimidad está bien descrita en los primeros dos capítulos de Génesis (que es el primer libro que hallamos en la Biblia). En los primeros capítulos que podrás leer con calma, pareciera ser deliciosa la relación propiciada por Dios:

1. Hace una creación especial, que tenga su propia imagen y semejanza. Esto lo hace por amor. No olvidemos que Dios es omnisciente, lo sabe todo, así que sabe en todo instante lo que pasará en el futuro, sabe que será traicionado por el ser humano, que toda su creación se verá afectada, que para remediar cualquier cosa derivada de este caos su mismo hijo Jesucristo, el amado del cielo, tendrá que hacerse hombre para morir como cualquier villano en una cruz patética. Sabe que Cristo el justo pagará por los pecadores para que se puede restituir lo perdido; y aún así, Dios decide crearnos. Por amor. Por amor a ti y por amor a mí.

2. Después de considerar ese amor tan extraordinario, Dios provee al ser humano de una investidura trascendente e inmerecida, lo hace señor de lo creado, ese es el propósito de su vida, disfrutar de Dios para siempre y de toda su creación. El huerto de Edén que fue puesto en el principio para dar asilo a toda la creación, fue puesto a disposición del varón y de la mujer. Ellos ponían nombres a cada cosa creada, disfrutaban del fruto de la tierra, un vapor especial puesto por Dios subía de la tierra para regar la plantación; ellos dos disfrutaban de la presencia de Dios como si de un amigo íntimo o de un familiar estrecho se tratara; los animales venían cerca de su creador (Dios), y estaban bajo el resguardo y atención a su señor (el ser humano). Todo fue puesto a su disposición, excepto…

Génesis 2:15-17

15. Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.
16. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;
17. mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

3. ¡Todo era armonía!No había malos ratos, ni malas ondas, ni malas leches, en la relación entre el ser humano y su creador. Había cuidados, amorosas palabras de compañía y ánimo, había bendición tras bendición, había reconocimiento hacia el creador y amorosa predilección por la creación. Estaban del mismo lado. El hombre y la mujer eran privilegiados. Todo era felicidad en un concepto que hoy ni siquiera imaginamos. Dios estaba feliz, los ángeles estaban felices, Adán y Eva estaban felices, Satanás no estaba feliz.

Espera.

¿Satanás? ¿Satanás quién? Bueno, vamos a uno de los libros proféticos que vienen en la Escritura. Sabemos que Satanás, Satán, Diablo, Tentador o demonio son nombres dados a este personaje del que se dice:

Isaías 14: 12-15

12. ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.
13. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte;
14. sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.
15. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo.

En este libro del profeta Isaías, se habla de una figura al parecer poderosa, hermosa y muy pero muy soberbia. Esta figura es llamada Lucero, hijo de la mañana, lo que habla de su belleza. Así que si imaginas al diablo, rojo y con cola pues es hora de recapacitar. Trata mejor de imaginarle como un ser hermoso, un ángel de gran poder que según lo relatado aquí, fue derribado hasta el Seol, que es el nombre dado a la tumba o al sitio de los muertos. También se hace referencia al infierno con este nombre. Lucero, es derribado, se le hace caer y también se describe en esta porción, su problema. El problema es que, en su soberbia, quizá movido por su poder y su misma hermosura, supuso que podría compararse a su creador. Ser igual a Él… ¿Esto te suena a algo? ¡Claro, el ser humano fue hecho a la imagen y semejanza de Dios! Esto es interesante.

Volviendo a Satán, el relato dice que este ángel decía en su corazón “seré semejante al Altísimo” y ¡pum!, que me lo bajan. A Dios no le gustó esta soberbia colmada de rebelión. Puede ser que este haya sido el primer pecado que existió.

El ser humano está en el huerto. Todos están felices. Satanás no. Y la Biblia narra lo que pasó un buen día. Más bien malo.

Génesis 3:1-6

1. Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
2. Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;
3. pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.
4. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;
5. sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.
6. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

Satanás hace un intento maligno con forma de serpiente. Este intento del mal provoca una tentación en la mujer. El árbol se llamaba de la Ciencia del Bien y del Mal, así que Satanás ni siquiera mintió, si no que puso una tentación más parecida a lo que a él le había pasado, trasladó la tentación hacia la soberbia.

-¡Imagina ser como Dios!

Trae el viejo concepto hacia la nueva creación de Dios. El Señor había hecho al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza pero no eran como Dios, tenían su identidad propia, única y hecha para triunfar en la creación, sin embargo no era esa identidad la que los satisfizo sino que pensaron en quedarse con la identidad misma de Dios. Buena tentación, muchacho. Si Satanás mismo había caído en esa misma tentación cuanto más los seres humanos inexpertos y novatos.

El ser humano peca y eso tiene consecuencias.

Si por un hombre, creado directamente por Dios, todos íbamos a disfrutar de los beneficios que he mencionado ya, por ese mismo hombre todos padecemos las consecuencias del pecado, de manera inherente. Nacemos ya en medio de las consecuencias del pecado de la humanidad. Nacemos en pecado, vivimos en pecado y morimos en pecado.

Capítulo 2. El pecado lo destruye todo

Las consecuencias del pecado son desastrosas. La soberbia y luego la desobediencia a la orden directa del Creador componen el pecado original. El pecado original no es comer manzanas o cuestiones sexuales que luego hay en el imaginario popular. El pecado es un golpe de menosprecio hacia Dios y eso lo hace insoportablemente destructivo.

Dios es el primer afectado por el pecado, su santidad y buena voluntad se ven menospreciadas, deploradas y llevadas a una indiferencia injustificable; su confianza y su amor son mancillados y convertidos en el polvo que te sacudes de los pies; su autoridad es desafiada con absoluta autosuficiencia y en poco tiempo estamos de espaldas a quien nos dio la vida, alegando nuestro derecho y suponiendo que Dios nos debe explicaciones, consideraciones y servicios como si se tratara de nuestro siervo.

El ser humano es el segundo en tener consecuencias, la mujer primero, ella pierde el camino y un enorme abismo se abre frente a ella y su Dios. Pierde toda posibilidad de vivir una vida de salud y perfecta armonía y paz, pierde autoridad y se enfrenta a la muerte eterna, a pasar la eternidad sin Dios, ni su presencia, ni su cariño, ni su consideración. Le es imposible olvidarse de sí misma y arrebata la autoridad de los demás, llora para dar vida y le es imposible buscar a Dios.

El hombre recibe el fruto y come también y sufre las consecuencias hasta hoy, no tiene más en su pensamiento el bien, sino el mal. Corre para hacer cosas desagradables que afecten a sus semejantes, destruye todo lo que toca, su pensamiento es impuro e inconsistente, envejecen su carnes, sus huesos y su mente y toda su vida camina por la orilla de un precipicio. Su egoísmo se adueña de su existencia y no puede zafarse de los deseos de su corazón corrupto. No sabe buscar el bien y menos aún identifica la voluntad de Dios para vivir de acuerdo a ella. No busca a Dios.

Finalmente, es afectada toda la creación. Todo se atrofia. Cambia su sentido, se descompone. Los animales nos atacan, la tierra se resiste a producir con alegría, se rompen las reglas naturales y se tuercen los propósitos para los que existen. Los cielos crujen y la tierra tiembla, el mar se azota con violencia en su protesta eterna, nada está bien, no hay nada en su sitio. La creación gime buscando la hora de que sea restaurada.

Todo esto lo puedes leer en Génesis 3 del 10 en adelante.

Dios imparte justicia de acuerdo a lo que había prometido. Su palabra no pasará sin cumplirse o no sería Dios.

Todo está oscuro ahora. Y todos podríamos, sin duda, sentarnos a llorar. Dios levanta su rostro. Cambia su semblante, se reúne con su hijo amado y con el Espíritu Santo y hacen un pacto eterno.

Capítulo 3. El pecado será derrotado

El dilema es el siguiente: Dios había dicho que habría consecuencias para la desobediencia, y la hubo, a partir de entonces morimos física y espiritualmente. Pero todo se destruyó porque el pecado se volvió inherente al ser humano. No bastaba con que muriera Adán, porque su pecado había afectado a toda la creación y a la mujer y los hijos de ambos. Todos estamos condenados de entrada. Nacemos muertos. Entonces aquí lo que corresponde es un rescate.

¿Qué hacer entonces para rescatar a los más que se pueda?

La vida era inherente, la perdimos por el pecado que se volvió inherente, la solución tendría que ser inherente. Se necesita quien pague por el pecado y que se quede como rescate inherente para los seres humanos.

No podría ser alguien que hubiese pecado porque entonces esa persona moriría por su propio pecado y no habría oportunidad de hacer un rescate de la humanidad. Todo hombre y mujer estaban descartados entonces.

Y ahí es cuando ocurre: el Hijo, Jesús, Jesucristo, Emanuel, el amado del cielo, el Cristo, levanta la mano y dice, yo lo haré.

¡Bendito sea él para siempre! ¡Lo dijo antes de que fuese creado el mundo! ¡Lo dijo antes de que existiera Adán siquiera! ¡Ya no hablemos de ti o de mí! ¡Nos amó tanto que decidió morir por el pecado para que se cumpliera la sentencia dada por Dios!

No había pecado en Cristo, por eso es que él y solo él puede morir por el pecado de los demás.

¿Entiendes ahora que el pecado es devastador? Todo lo chueco que hay en el mundo es consecuencia del pecado. Un mundo enfermo y al punto del colapso, es consecuencia de eso mismo, un ser humano descarriado y lleno de violencia y egoísmo es más de lo que ya hemos platicado. ¿Qué, me cuentas que conoces un amigo que es casi un santo? ¿Dices que en un bebé no hay pecado? ¿Crees que la princesa Diana o la Madre Teresa de Calcuta, eran mujeres santas? Pues no. Ninguno se libra del pecado a la luz de la Biblia, la que consideramos que contiene el pensamiento de Dios.

Romanos 8 dice:

Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
3. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;
4. para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Y agrega acerca de hacer las cosas pensando primero en el espíritu:

5. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.
6. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
7. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;
8. y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

Si nos mantenemos en las cosas de Dios, viviendo la vida como a él le agrada, estaremos viviendo las cosas del espíritu para ser liberados de la esclavitud del pecado.

Así lo dice:

9. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
10. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.
11. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Termino. Fíjate, cuando tenemos amor a Cristo y confiamos en que esto que él afirma en su palabra es real, podemos empezar a vivir en el espíritu para obtener la restauración de lo que se echó a perder en el principio por culpa del pecado. Podemos disfrutar de una vida plena en armonía y paz, esto siempre y cuando vivamos la vida según Dios y no según aquello que inherentemente nos conduce a caminos de desgracia y corrupción. No significa que no pecaremos nunca más en esta vida, lo que significa es que sabremos qué hacer al respecto del pecado sin que nos domine inevitablemente. Sabremos arrepentirnos y buscar un camino diferente, a través de Cristo, para no seguir ofendiendo a Dios en obra, pensamiento y omisión.

Por lo menos ahora, el pecado te dolerá con conocimiento de causa.